SUSURRO DE OLVIDO
Poema de Olga Castells
Otoño · Memoria · Naturaleza · Poesía
Hay hojas que caen y desaparecen.
Y hay hojas que, antes de tocar la tierra, parecen contener
la memoria entera del árbol.
En Susurro de olvido,
Olga Castells
contempla uno de los gestos más sencillos del otoño —la caída de una
hoja— y descubre en él una meditación sobre el tiempo, la separación,
la memoria y el destino.
La hoja, el viento y la memoria
El poema nace de una imagen mínima: una hoja abandona el árbol.
Pero Olga Castells no observa únicamente su caída. Interroga aquello
que la hoja parece llevar consigo: los vientos que la acariciaron,
las aguas que bebieron sus reflejos, los soles vividos y las nubes
acumuladas por el tiempo.
De este modo, el otoño deja de ser únicamente una estación del año.
Se convierte en metáfora de tránsito. Caer significa partir, pero
también regresar a la tierra y entrar de nuevo en el ciclo del que
nació la vida.
Susurro de olvido
Olga Castells
La hoja que cae trenzada al susurro
en ahogada plenitud desciende y parte.
en ahogada plenitud desciende y parte.
Volada sombra
que guarda y rumora
el tapiz de un sendero
cubierto de velos
por pies trashumantes.
que guarda y rumora
el tapiz de un sendero
cubierto de velos
por pies trashumantes.
¿Cuántos vientos
templaron tu abrigo
mientras las aguas,
celosas,
bebían tus brillos?
templaron tu abrigo
mientras las aguas,
celosas,
bebían tus brillos?
Tus hijos,
rasgaron del tronco
su cuerpo implorante,
viviendo los soles bañados
en nubes de tiempo y olvido.
rasgaron del tronco
su cuerpo implorante,
viviendo los soles bañados
en nubes de tiempo y olvido.
Estoico silencio del sino.
Espíritu que partes
sufriente…
a tu inmensidad,
abonando,
al susurro de olvido.
sufriente…
a tu inmensidad,
abonando,
al susurro de olvido.
El instante de la caída
El primer verso contiene ya el movimiento esencial de toda la obra:
«La hoja que cae trenzada al susurro». La caída no se produce
bruscamente. Hoja y sonido parecen entrelazarse mientras el descenso
adquiere una cadencia lenta, casi ceremonial.
Después aparece el sendero. Sobre él se acumulan las hojas como un
«tapiz», pero por ese mismo espacio han pasado también los
«pies trashumantes». Naturaleza y tránsito humano comparten así
un territorio marcado por lo pasajero: unos caminan, otros caen,
y el sendero conserva por un tiempo las señales de ambos.





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