Entre el viento, las espigas y la luz del verano nace El vals de la espiga, un poema de Olga Castells donde la tierra parece abandonar por un instante su quietud para comenzar a bailar.
La espiga deja de ser únicamente paisaje: escucha, se inclina, susurra y participa de un movimiento que une naturaleza, tiempo, memoria y destino bajo el compás invisible del viento.
El vals de la espiga
Entre espigas encuentro,
mi pensante deambular
inmerso...
La belleza del trigal pardea,
su dorada luz en promesas,
de mieses maduras.
El trigo llamándome espera,
que escape a la abulia
que me tienta...
en esta tarde de mi inútil yo,
perdida e incierta.
Un cercano ayer me revela,
cuán verdes y tiernas
se crecían,
las espigas duermientes,
en el acune suave y lento
del leve lamento,
mientras las besaba
y mecía el viento...
Entre espigas perdida
hoy me encuentro,
en un deambular inquieto...
con paso lento,
me atrapa la altura
del trigo maduro,
y desaparezco dentro,
en su campo
y mi sentimiento.
Se diluye disperso mi yo,
entre el silvo del viento...
penetra en mi caparazón
llegando a mi centro.
Mi espigante camino se alarga
en el ciclo de la espiga
preñada de vida,
se pega a mi piel adderida,
y ya por ella, herida...
Hollando el trigal,
parto las espigas
con mi pendulante andar,
y su tallo se ofrece a mi avance
vencido al final del camino.
¡Yo voy entre granos crecidos
y los susurrantes valses
me danzan el sino...!
¿Somos hoy las pulsantes antenas,
de la semilla que amasa la vida?
Saciándonos de ansias
vivimos perdidos,
en partes de un "Todo"
que nos mueve en valses la vida...
"Allí"
Donde siempre es día,
y se crecen las mieses,
entre agua y soles...
"Aquí"
En mi hoy con noches,
voy meciendo sola,
guardando la harina
de la espiga en vida...
Del poema a la música y la imagen
La música secreta de la naturaleza
En El vals de la espiga, el trigal no funciona únicamente como paisaje. Se convierte poco a poco en un territorio interior. La voz poética entra en él llevando consigo la incertidumbre, la memoria y ese «pensante deambular» con el que comienza el poema.
El movimiento resulta esencial. El viento mece las espigas, el cuerpo avanza entre ellas y el trigo cede ante ese «pendulante andar». De esta oscilación nace el vals del título: una danza que no necesita salón ni orquesta porque encuentra su compás en el encuentro entre el cuerpo humano y la naturaleza.
Pero el paseo exterior conduce hacia dentro. El yo comienza a «diluirse» y el silbo del viento atraviesa su caparazón hasta alcanzar el centro. La espiga deja entonces de ser algo observado para convertirse en experiencia, contacto y herida.
El poema amplía finalmente su interrogación. La semilla, las mieses, la harina y el ciclo de la espiga introducen una reflexión sobre la propia vida y sobre nuestra pertenencia a un «Todo» mayor. El vals ya no es solamente el movimiento del trigo: es también el movimiento de la existencia.
«Saciándonos de ansias
vivimos perdidos,
en partes de un "Todo"
que nos mueve en valses la vida...»
Poema: Olga Castells
Fotografía de inspiración: Kim Castells
Musicalización y videoanimación: La Estrella del Tajo
🌾 🎬 Producción: Estrella del Tajo
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