AMORES Y VERSO
Hay poemas que hablan del amor desde la solemnidad y otros que prefieren acercarse a él con una sonrisa. Amores y Verso pertenece a estos últimos: una composición juguetona, luminosa y delicadamente traviesa en la que Olga Castells hace dialogar dos realidades que parecen inseparables: amar y escribir.
Besos, versos y amores llegan juntos, se persiguen y terminan confundiéndose en una pequeña celebración de la palabra enamorada. La musicalización prolonga ese carácter vital mediante una cadencia fresca y estival que convierte el poema en una breve danza de afectos.
Os invitamos a contemplar primero el videopoema
y regresar después al texto desde una nueva mirada.
Cuando el verso pide un beso
En Amores y Verso, Olga Castells construye una pequeña poética del enamoramiento mediante un recurso tan sencillo como eficaz: aproximar fonética y emocionalmente el beso y el verso. Desde los primeros compases, el poema personifica la propia escritura: el verso está inquieto, travieso, se cuelga de la poeta y reclama besos. La creación deja así de presentarse como una actividad intelectual para adquirir cuerpo, movimiento y deseo.
Esa identificación constituye el juego central de la composición: «Besos... / Sí. Versos... / Creo que lo mismo es». La aparente ingenuidad encierra una intuición poética de mayor alcance. El poema sugiere que la palabra amorosa aspira a superar su condición de lenguaje para convertirse en gesto, cercanía y presencia. Escribir un verso de amor equivale, de algún modo, a ofrecer un beso mediante las palabras.
El ritmo fragmentado de los primeros versos contribuye a esa sensación de vivacidad. Las pausas, exclamaciones y repeticiones reproducen un pensamiento que avanza a pequeños saltos, como si la propia voz poética estuviera jugando con aquello que acaba de descubrir. Poco a poco, sin embargo, la composición ensancha su movimiento y los amores y los versos comienzan a llegar «a borbotones», transformando la intimidad inicial en abundancia.
Resulta especialmente significativa la aparición del Amado hacia el final. El poema deja entonces de girar únicamente alrededor de la poeta y de su verso para dirigirse hacia un destinatario. Amor y poesía emprenden juntos el camino hacia ese encuentro y llegan simbólicamente cargados con «cofres repletos... ¡de amores y versos!». La imagen del cofre introduce la idea del don: la palabra poética se convierte en algo que puede entregarse.
Bajo su tono ligero, Amores y Verso contiene así una reflexión sobre la propia naturaleza de la poesía lírica. Escribir y amar aparecen como movimientos semejantes: ambos necesitan salir de uno mismo, dirigirse hacia otro y transformar la emoción interior en una forma capaz de ser compartida.
Por eso el desenlace —«¡Ay! Amor, Amar... / En besos y versos, / ¡quiéreme Amor, enamorar!»— funciona casi como una pequeña invocación. Después del juego verbal queda una verdad sencilla: el poema desea amar y ser amado. Y quizá ahí resida buena parte de su encanto: en recordarnos, sin gravedad innecesaria, que algunas veces la poesía comienza exactamente donde una palabra quisiera convertirse en caricia.
POEMA
Que inquieto
está hoy,
mi verso.
Inquieto,
y travieso.
Se cuelga
de mí,
pidiéndome
Besos.
Besos...
Sí. Versos...
Creo que lo mismo es.
Amores...
Con besos...
¿Versos sin besos?
¡No! Que ellos vienen juntos.
¡Y a borbotones
llegáis en carrera,
mi amor, y tú, verso!
¡Oh sí! Tu amor, y mi verso.
Amores con verso.
Que por la vereda
que vienes tú a verlos,
se escapan mis ojos...
Ellos dos
A tu encuentro, Amado,
llegan en cofres repletos...
¡de amores y versos!
¡Ay! Amor, Amar...
En besos y versos,
¡quiéreme Amor, enamorar!
AMORES Y VERSO
Texto y poema: Olga Castells
Videopoema musicalizado · Biblioteca Animada de la Poesía
Producción audiovisual: La Estrella del Tajo · © 2026
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