Mi Perdida Eternidad


Mi perdida eternidad es un canto de exilio del alma. Este videopoema es una inmersión sonora y visual en uno de los textos más intensos de Olga Castells, escrito en 2020 desde la vivencia del desarraigo existencial: la sensación de haber sido arrojados a la vida sin consentimiento, a un tiempo que huye, a una existencia que no siempre cobija. “Mi perdida eternidad” no es una queja ligera, sino una invocación. Un poema que atraviesa el no-tiempo, la caída de las almas, el espejismo de la luz que arde y se extingue, y el grito íntimo dirigido a lo Omnipotente. La música que acompaña este texto no pretende adornarlo: lo sostiene. Respira con él. Lo convierte en rito sonoro, en canto órfico contemporáneo, en exilio del alma expresado con voz, silencio y atmósfera. Este poema pertenece a una etapa concreta del recorrido vital de la autora. Más adelante, otros textos vendrían a dialogar con él desde la restitución y la sanación. Pero aquí permanece intacta la fuerza de ese instante: tremendo, verdadero, necesario. 🜂 Voz y música: canto ritual, no-tiempo. Composición original 🜂 Imagen: símbolo, exilio, eternidad velada 🜂 Texto: Olga Castells Para quienes alguna vez se han sentido desamparados. Para quienes siguen buscando el altar donde sacrificar —o recuperar— su eternidad.


MI PERDIDA ETERNIDAD

Respiro esencia de mí en la inquietud.

De la piel que me cubre, mientras siento en las aguas primordiales líquidas consciencias nadando en mi ser.

Entre celestes espejismos atravieso presencias de mundos.

Fluidos que me atraen y sin pausa.

Inhalo y constato mi espejismo del tiempo.

Que huye a mi atrape sin consciencia.

Que lo guarde y sin miradas que.

Lo aparten de su clausurado fin.

Mi espejismo de relámpago consume en encendidas llamaradas, una luz que arde y sola se extingue.

Nada guarda de un tiempo en el.

Que la llama surgió de la nada.

Es un transcurrir que nos clama.

En el declive de un no tiempo.

Precipitadas centellas perdidas llegan a su destino.

Lanzadas y no saben que guardan la.

Caída inerte de las almas.

Se descuelga su impotente llamada a un existir perdido entre medidas de un ilusorio vivir que nos catapulta al sentir de la existencia.

Existencia que nunca da cabida al carcaj de la aventura y a la flecha de la aflicción de la fuerza que nos lanza.

Si mi salida inicial desde donde ruge el verbo para arrancarme del mar de la inmensidad de amar, es para condenarme a implorar que no me falte el altar donde yo sacrifiqué mi matriz de eternidad.

Tú, el Omnipotente, vuélveme el rostro hacia atrás.

Que este consumido y estéril exilio cese en su tortuoso pasar de la esfera de un eterno umbral a un pérfido destierro existencial.

Mi perdida eternidad.



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