MI
PERDIDA ETERNIDAD
Respiro esencia de mí en la inquietud.
De la piel que me cubre, mientras siento en las aguas primordiales líquidas
consciencias nadando en mi ser.
Entre celestes espejismos atravieso presencias de mundos.
Fluidos que me atraen y sin pausa.
Inhalo y constato mi espejismo del tiempo.
Que huye a mi atrape sin consciencia.
Que lo guarde y sin miradas que.
Lo aparten de su clausurado fin.
Mi espejismo de relámpago consume en encendidas llamaradas, una luz que arde y
sola se extingue.
Nada guarda de un tiempo en el.
Que la llama surgió de la nada.
Es un transcurrir que nos clama.
En el declive de un no tiempo.
Precipitadas centellas perdidas llegan a su destino.
Lanzadas y no saben que guardan la.
Caída inerte de las almas.
Se descuelga su impotente llamada a un existir perdido entre medidas de un
ilusorio vivir que nos catapulta al sentir de la existencia.
Existencia que nunca da cabida al carcaj de la aventura y a la flecha de la
aflicción de la fuerza que nos lanza.
Si mi salida inicial desde donde ruge el verbo para arrancarme del mar de la
inmensidad de amar, es para condenarme a implorar que no me falte el altar
donde yo sacrifiqué mi matriz de eternidad.
Tú, el Omnipotente, vuélveme el rostro hacia atrás.
Que este consumido y estéril exilio cese en su tortuoso pasar de la esfera de
un eterno umbral a un pérfido destierro existencial.
Mi perdida eternidad.
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